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martes, 16 de febrero de 2021

EL CARNAVAL DE ÁNIMAS DE CARRICHES (TOLEDO)

 


Hoy es martes de Carnaval, y en Carriches (aunque ya no se conserva esta fiesta) se celebraría la Función de Carnestolendas, asociada a su desaparecido Carnaval de Ánimas.

Las honras generales comenzaban por la mañana, en la iglesia. El mayordomo junto a los oficiales de la soldadesca se disponían a celebrar la fiesta principal de las Ánimas del Purgatorio, con la misa y sermón acostumbrados.

El sermón solía versar sobre la Resurrección, tal y como Jesús la enseñó, y en ese camino después de la muerte que es el cielo o el infierno, junto con el purgatorio, como condición de pagar en el otro mundo los pecados cometidos en éste.

Tras la misa, los oficiales de la soldadesca salían a pedir limosna por las calles del pueblo, en formación y a toque de tambor. En ciertos puntos, el alférez hacía “jugar la bandera”, para que los devotos realizaran su donativo.

Ya por la tarde, tenía lugar el ofertorio de Ánimas, en la plazuela del cura, donde la soldadesca acompañaba en procesión (desde la iglesia) el cuadro de las Benditas Ánimas del Purgatorio.

Allí se colocaban unas mesas con una bandeja o demanda y un crucifijo, para la adoración de los fieles y la entrega de donativos. Los vecinos pasaban con devoción besando el crucifijo y depositando en las mesas, tanto ofrendas en especie (trigo, cebada, corderos) como dinero.

Para las rifas, depositaban los oficiales lo recolectado durante las soldadescas de días anteriores y lo acopiado esa misma mañana (liebres, platos de garbanzos, judías, tocino, chorizo).

Todo el dinero cogido durante los días del Carnaval, junto con lo reunido por la venta del grano, corderos, limosna de la campanilla o la de los cepos de la iglesia y la tienda, se ofrecían en misas por las Benditas Ánimas todos los lunes del año, o por lo menos, hasta donde llegara la recaudación.


domingo, 1 de noviembre de 2020

NOCHE DE CLAMORES EN CARRICHES (TOLEDO)

 

Cuando el frío ha llegado de repente a nuestras vidas, a los pocos días de que la Señora del Encinar carrichano haya subido hasta su retiro invernal en su ermita, junto al cementerio, se destapa el mes de noviembre, señalado desde tiempo inmemorial para el recuerdo de los difuntos.

Evocaremos la memoria del pasado, de los miedos y silencios terroríficos; clamores de campanas anunciando la noche oscura de los Santos, noche de finados, a la sombra de la oscilante luz de una vela. En definitiva: la muerte se nos presenta en el recuerdo a los difuntos.

Este artículo que ahora os presento es una mínima parte de un extenso estudio que vengo realizando desde hace varios años en la Villa de Carriches. Y aunque el tema no sea de lo más interesante en un principio, la infinita documentación existente en los archivos llevó a preguntarme por aquello que ha ocupado al ser humano de todos los tiempos: la angustia de la muerte.

Pero que nadie se asuste; sólo pretendo recoger la repercusión que esta realidad ha configurado en la vida de este pueblo durante muchos siglos: comportamientos, ritos, tradiciones… Cada pueblo, ante la propia razón de la muerte, común para todo ser viviente, va formando unas prácticas y unas acciones que, con el tiempo, pertenecerán a su propia cultura.

Para ello he preguntado a los carrichanos qué prácticas perviven en su memoria, intentando rebuscar entre la documentación histórica su propia confirmación. De este material se ha podido descubrir una realidad socio-cultural que nos hará entender las diferentes épocas y sus correspondientes tradiciones.

También os mostraré las aspiraciones que permitirán conocer cómo la muerte era una realidad natural entre los vecinos de Carriches. Se analizarán los ritos reunidos a lo largo de la historia y las creencias para prepararse a bien morir; los ritos funerarios y el recuerdo permanente de los difuntos; las ideas fundamentales que surgieron a través de la Cofradía de Ánimas de Carriches en cuanto a su memoria solidaria.

Con la aportación de significativos testamentos de diferentes siglos (XVI, XVII, XVIII y XIX) y de las Constituciones de Ánimas conoceremos de primera mano las principales referencias documentales que se aportan.

Pero, como adelanto, os presento una pequeña parte del mismo, sobre los toques de campanas, tan tradicionales en estos días.


Los toques de campanas siempre han estado unidos al tema de la muerte. Era el verdadero sonido de la muerte, el que se difundía desde las torres de campanas de las parroquias.

El toque de Ánimas avisaba a los vecinos de que tenían que rezar alguna oración para salvar las almas de los fieles difuntos del Purgatorio. Pero no sólo ese era su significado: las campanas marcaban el proceso mortuorio, desde la agonía, al entierro, y después los funerales.

Esta costumbre, regulada por las Constituciones Sinodales del arzobispado, mandaba dar cuatro clamores y no más: “el uno cuando avisan de la muerte, el segundo cuando sale la Cruz y los clérigos por el difunto, el tercero cuando entrare el cuerpo en la iglesia y el cuarto cuando dicen el responso para ponerle en la sepultura”.

Hubo épocas en las que el tañido duraba toda la noche, la “noche de clamores” en la noche de finados, o cuando el fallecido era un hermano cofrade de Ánimas.

Pero esto es ya otra historia…


martes, 17 de febrero de 2015

CARNESTOLENDAS EN CARRICHES



Comienza un nuevo día, en el que Carriches celebraba las honras generales que se hacían por las Ánimas del Purgatorio. Era el Martes de Carnestolendas (Martes de Carnaval), en el que salían por la mañana con tambores anunciando la Soldadesca.

Después de recorrer todo el pueblo, la Soldadesca se iba a misa.

Al finalizar, se recorrían las calles parándose en las plazas para efectuar el baile de la Soldadesca. Colocándose en círculo, dentro del mismo los Abanderados bailan la bandera, el Pinche hace su baile y saluda a todos los jefes por orden de graduación y finalmente al público. Los Alabarderos desfilan en sentido circular tirando sus alabardas al aire para recogerlas antes de que caigan al suelo; si esto sucede serán multados por el Comandante.


Esta tradición desaparece a principios de siglo XX.